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25 de Mayo de 2022

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Artículos

Autor: Raúl Martín Herranz

2010, inicio de un nuevo reto para la formación en Optometría

1/1/2011

Raúl Martín Herranz

Figura 1.- Esquema de la estructura de la educación superior acordada tras la implantación del Proceso de Bolonia (adaptada de www.educacion.es/boloniaeees). En términos generales, el acceso al tercer ciclo (realización de la tesis) requiere disponer de 300 créditos de los cuales 60 han de ser de máster. Por tanto, los diplomados en óptica y optometría pueden cumplir este requisito realizando un master de 120 créditos o cursando dos masters oficiales.

Figura 2.- Esquema de la antigua estructura académica previa al Proceso de Bolonia. En este modelo algunas diplomaturas, incluida la de óptica y optometría, no tenían acceso al doctorado.

Raúl Martín Herranz
Diplomado en Óptica y Optometría. Máster en Optometría y Ciencias de la Visión. Doctor por la Universidad de Valladolid. Profesor del Departamento de Física Teórica, Molecular, Nuclear y Óptica en la Diplomatura de Óptica y Optometría. Coordinador de Optometristas en el Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada (IOBA). Universidad de Valladolid.

Presentación
Nuevamente, la revista Optimoda me da la oportunidad de colaborar en este número transmitiendo mi opinión sobre aquellos aspectos que han resultado importantes para el devenir profesional del óptico optometrista.

Dadas las fechas actuales, resulta difícil abstraerse de la actual situación económica que ha marcado de manera muy profunda el año 2010. Sin embargo, no soy la persona que deba entrar a juzgar la repercusión de la crisis económica en el sector de la óptica y la optometría. Sin embargo, no todo lo que ha ocurrido en 2010 ha sido negativo, incluso puede decirse que algunas cuestiones pueden ser definitivas y marcar un antes y un después de las mismas.

En 2010 ha finalizado el denominado “Proceso de Bolonia” que ha supuesto (está suponiendo) una transformación de la universidad española. Como casi todo lo que sucede en nuestro país, el proceso de Bolonia tampoco ha sido ajeno a la polémica, existiendo detractores y defensores absolutos. No será mi posición extrema en uno u otro sentido, pero considero que este proceso ha afectado y va a afectar significativamente a la formación y futuro profesional de la optometría.

Por ese motivo, quiero dedicar estas líneas que tan generosamente me ofrecen para trasmitir algunos de los cambios que ha supuesto y algunos que debería suponer la implantación del Proceso de Bolonia al diseño e impartición de las nuevas titulaciones en óptica y optometría.

Proceso de Bolonia, una breve descripción
En 1999 se reunieron en la ciudad italiana de Bolonia, los ministros de educación de los países de la UE acordando un proceso que culminaría en 2010 y que permitiera uniformar la educación superior, es decir, la formación universitaria, de manera que se facilitara el intercambio de titulados superiores y se adaptaran los contenidos de los estudios a las demandas sociales. Esta declaración permitió la creación del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y propuso un Sistema Europeo de Transferencia de Créditos (ECTS - “European Credit Transfer System” en inglés) que permitiera la descripción, homologación y comparación, a nivel europeo, de los diferentes estudios. Es importante destacar que el EEES pretende el reconocimiento de las titulaciones sin afectar a sus conocimientos o a las competencias de las diferentes profesiones.

En España se han realizado diferentes reformas legales (quizá demasiadas, con algo de precipitación y cierta descoordinación en su aplicación por las diferentes universidades) desde 1999, destacando el RD 1393/2007, de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales.

Por tanto, la educación universitaria actualmente ha quedado conformada en tres grandes bloques (figura 1); en primer lugar la formación de grado, que reemplaza a las anteriores diplomaturas y licenciaturas (figura 2) y supone un periodo único de cuatro años que permitirá a los alumnos adquirir las competencias profesionales correspondientes a cada grado. En el caso concreto de la óptica y optometría, estas competencias quedaron recogidas en la Orden CIN/727/2009, de 18 de marzo, por la que se establecen los requisitos para la verificación de los títulos universitarios oficiales que habiliten para el ejercicio de la profesión de Óptico-Optometrista, publicada en el BOE núm 73, del jueves 26 de marzo de 2009.

Después del periodo de grado se define el periodo de postgrado que se orienta a la formación especializada y la investigación, de manera que pueden cursarse masters de diferentes contenidos y finalmente el tercer periodo dedicado a la realización de la tesis doctoral (doctorado).

La página web del Ministerio de Educación dispone de un portal dedicado al Proceso de Bolonia y el EEES en www.educacion.es/boloniaeees (desde la que se puede, entre otras cuestiones, descargar la propia declaración de Bolonia de 1999).

Formación de Grado
El nuevo esquema del EEES define un primer ciclo, denominado Grado que en el caso de la formación universitaria española, reemplaza a las diplomaturas y licenciaturas (figura 2).

El grado universitario ha quedado fijado en 4 cursos lectivos con una duración de 60 créditos ECTS cada curso. Así, todos los alumnos que estudien un grado completarán la misma formación de 240 créditos ECTS.

Lógicamente cada universidad ha podido diseñar con cierto margen de independencia sus grados y el de óptica y optometría no es una excepción, tal y como ocurría con las ya extintas diplomaturas. Sin embargo, una de las grandes novedades del Proceso de Bolonia, es la incorporación en los grados de dos asignaturas obligatorias para todas las titulaciones que deberían suponer una transformación en la formación de los futuros graduados en óptica y optometría. Se trata de las asignaturas de trabajo fin de grado y la realización de prácticas tuteladas en empresa. Ambas asignaturas tienen carácter obligatorio y suponen la misma exigencia académica que otras tradicionales como las matemáticas, óptica, tecnología óptica, optometría, contactología, patología ocular, etc.

Estas dos asignaturas tienen que suponer que los nuevos graduados adquieran competencias profesionales que le permitan desenvolverse y resolver los problemas particulares de su futura profesión. Por concretar lo que puede suponer este cambio, en otros países con mayor trayectoria en este tipo de formación un graduado en optometría termina su “carrera” después de haber atendido personalmente a más de 250 personas con diferentes características (refracción, adaptación de lentes de contacto, baja visión, etc.). ¿Cuántos de nosotros habríamos querido esta formación para nosotros? ¿Cuántos empleadores querrían que sus recién contratados dispusieran de estas habilidades para tener un menor periodo de adaptación en la empresa? ¿Cuántos recién titulados querrían disponer de este bagaje a la hora de afrontar sus primeras actividades profesionales en su primer contrato?

En una palabra, el Proceso de Bolonia va a obligar a que los alumnos realicen prácticas profesionales para que “aprendan” no sólo “como se hace”, sino que realicen personalmente las diferentes pruebas que conforman un examen optométrico, de manera que adquieran estas competencias en situaciones de aprendizaje lo más similares a la realidad. Todos los que ejercen esta profesión saben perfectamente que no es lo mismo realizar prácticas “con alumnos” que realizar la misma exploración en una persona ajena, real como las que van a suponer la futura practica profesional. Las universidades tienen en esta formación un apasionante reto, difícil de resolver por la complejidad de esta formación práctica que requiere una apuesta decidida y la asignación de unos recursos, actualmente escasos, que sin duda supondrán una mejora en la formación de las futuras generaciones de optometristas.

Es necesario que tanto el colectivo profesional como el universitario entiendan estos cambios para favorecer una verdadera transformación de la formación universitaria y no se conformen con “mejoras ligeras”, o pequeños cambios no significativos, exigiendo una formación de calidad y excelente. El proceso de Bolonia supone una oportunidad para que esto cambie.

Formación de postgrado: Máster
La formación de postgrado de máster se define en periodos de uno o dos años académicos (con 60 o 120 ECTS respectivamente). Esta formación está legislada desde el año 2005 (RD 56/2005) con algunas modificaciones posteriores (RD 1393/2007 que deroga el RD 56/2005).

Estas transformaciones legislativas han permitido que diferentes universidades ofrezcan postgrados oficiales en Optometría y/o Ciencias de la Visión que en la práctica suponen el “segundo ciclo” natural para los ya antiguos Diplomados en óptica y optometría. Esta posibilidad ha permitido a varios ópticos óptometristas realizar la tesis doctoral (máximo grado académico) y a otros tantos iniciar la tesis con supervisión o dirección de un óptico optometrista.

La posibilidad de que las Universidades ofrezcan masters oficiales a los actuales diplomados en óptica y optometría supone la oportunidad de realizar planes de estudios adaptados a la idiosincrasia de esta profesión, su orientación a resolver problemas o resolver nichos de formación, etc. Además, al estar regulados oficialmente, suponen el acceso a la formación en grado de máster a un precio oficial, sensiblemente más económico a los masters tradicionales.

Quizá, en este momento, la terminología resulte confusa, puesto actualmente conviven (y por mucho tiempo) masters oficiales (que están sometidos a un proceso de verificación por parte del Ministerio de Educación) y masters particulares (si me lo permiten) que bien pueden ser títulos propios de diferentes universidades o de instituciones privadas, que no precisan este proceso de verificación ministerial.

La diferencia entre un máster oficial y uno “que no lo es” radica básicamente es este proceso de verificación ministerial y nada tiene que ver con su calidad. Sin embargo, la estructura académica del EEES (figura 1) exige que para acceder al doctorado el alumno disponga de una formación de 300 créditos de los cuales 60 deberán ser de Máster Oficial (RD 1393/2007). Por tanto, si el objetivo de una persona es realizar la tesis doctoral debe elegir adecuadamente el máster a cursar, pero si su objetivo es mejorar su formación profesional, deberá elegir entre aquellos que le ofrezcan unos contenidos, plan de estudios, metodología docente, etc. más adecuados en función de sus necesidades e inquietudes.

Formación de doctorado
Finalmente, el tercer bloque o periodo de formación del EEES corresponde al doctorado. Por tanto, el Proceso de Bolonia ha permitido el acceso al grado de doctor, tradicionalmente vetado para los diplomados nacionales que sólo podían recurrir a estudiar en el extranjero (y que en numerosos casos el Ministerio de Educación no reconociera esta formación) u optar por estudiar otra licenciatura con el consiguiente sobre-esfuerzo. A partir de la implantación del proceso de Bolonia, los ópticos optometristas puede realizar la tesis doctoral en una universidad española o europea (sin problemas de reconocimientos posteriores) y sin estudiar otra licenciatura. Eso sí, precisan completar su formación con un máster oficial (de 60 créditos para los futuros Graduados o de 120 créditos para los antiguos diplomados).

La realización de la tesis doctoral supone el inicio de la carrera investigadora que está abierta a todos los ópticos optometristas con vocación. Conviene recordar los problemas que presenta la financiación de la investigación en este país que ha supuesto la fuga de cerebros durante décadas pasadas. Pero también, la coincidencia de múltiples expertos en la necesidad de mejorar la investigación e innovación para disponer de una economía más competitiva y mejor preparada para superar esta y futuras crisis económicas.

La realización de la tesis supone la capacidad de realizar investigación que busque respuestas a problemas que afectan directamente al ejercicio de la optometría sin olvidar la colaboración multidisciplinar que es la base fundamental de un investigador. Ya existen en universidades españolas grupos de investigación liderados por optometristas que tienen mucho que aportar a la futura generación del conocimiento que supondrá la base del ejercicio profesional en las próximas décadas.

Conclusiones
Es difícil resumir el Proceso de Bolonia, o calificarlo de “bueno” o “malo”, pero en el caso particular de la óptica y optometría, este proceso puede permitir el salto académico que permita situar esta disciplina a la misma altura que los países líderes.

Quizá, convenga recordar las palabras de Adela Cortina (catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia) que en un reciente artículo de opinión en la prensa nacional recomendaba la búsqueda de la excelencia como una búsqueda continua de mejora de uno mismo tratando de sacar día a día lo mejor de las propias capacidades de uno mismo. Esto supone un esfuerzo obvio, que no sólo redunda en provecho propio, sino también de aquellos con los que se comparte la vida. “A fin de cuentas, no se construye una sociedad justa con ciudadanos mediocres” concluye Dª Cortina, por tanto, no se puede construir un colectivo profesional con profesionales mediocres y, posiblemente, la única manera de no serlo es con el esfuerzo propio y la exigencia de sistemas de formación de calidad y excelentes que permitan la formación de mejores ópticos óptometristas en el futuro. El proceso de Bolonia quizá sea una oportunidad para conseguirlo que no se debería desaprovechar.




Artículo publicado en la edición impresa de Optimoda edición nº 155 correspondiente a Enero/Febrero 2011. Envíenos su punto de vista u opiniones sobre este artículo clickando sobre el botón 'opinar' al inicio del artículo (es necesario estar previamente registrado)

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